
FERNANDO IWASAKI
Novelista, ensayista, periodista
-Cuando se es joven se tiende a confundir el erotismo con la sexualidad. Ahora, a sus cuarenta y tantitos, ¿al erotismo le basta con fantasear, desear, imaginar? ¿Es ese el «quid» de la cuestión?
-El «quid» del erotismo sí, porque el «kit» de la sexualidad supone tiempo, espacio y parafernalia de alta sensibilidad. El erotismo necesita el tabú, lo prohibido y la transgresión, pero después de los 40 ya no quedan ni tabúes, ni transgresiones, ni prohibiciones. Por eso después de los 40 se liga menos, pero se hacen más guarrerías.
-En los relatos de «Helarte de amar» (Páginas de Espuma) usted hace el humor más que el amor. ¿Lo reivindica para estos tiempos de amores convulsos y convexos?
-El humor lubrifica muy bien las relaciones de pareja.
-«Helarte de amar y otras historias de ciencia-fricción», ¿fue una carga más que una descarga? ¿Cuál era el estado de su mente cuando surgieron?
-Cuando escribí estas historias creía que el sexo era fundamental. En cambio ahora he descubierto que el sexo es una funda mental.
-¿En las distancias cortas es donde el amante impaciente se la juega?
-Cuando uno es normalito se lo juega todo en la distancia corta, aunque la tenga larga; mientras que los guapos, los ricos, los trágicos y los interesantes triunfan en la distancia larga, aunque la tengan corta. O sea que el tamaño de la moral no importa.
-¿Son cuentos de ciencia-fricción, de ciencia ficción o de fantasías orquestadas en la oscuridad?
-Son cuentos de ciencia-fricción porque la literatura erótica es una clase de mitología impartida por un profesor de resistencia de materiales.
-¿Las fricciones no pueden ser y además son imposibles?
-Mis «fricciones» son las que no pueden ser y además son imposibles.
-¿A qué personaje de nuestra vida pública y/o privada recomendaría usted que se helara de amar?
-Yo soy el primero que se apuntaría para helarse de amar, porque al protagonista de mi cuento le cambió la vida cuando se le heló de amor. No obstante, quiero prevenir a los lectores para que tengan cuidado y no lo intenten.
-¿Qué posibilismo abriga el amor?
-Más o menos el mismo que las devoluciones de Hacienda.
-¿Le gustaría deshelarse de amor con Graciela en el Batimóvil?
-Si Batman y Robin no se han derretido antes en el asiento trasero, no me importaría.
-¿Qué porcentaje no hay de autobiografía en sus relatos?
-Tratándose de un libro de cuentos eróticos tendría que ser «autoviagráfico».
-¿El amor lo deja a uno helado, tieso, congelado o mediopensionista?
-Algunos amigos míos se han quedado incluso sin casa.
-¿Corren buenos tiempos para el humor?
-Afortunadamente el humor no depende del tiempo sino de los individuos. Siempre habrá gente severa, solemne y avinagrada conviviendo con personas risueñas, chispeantes y zumbonas. Incluso se casan.
-¿Canalizar un deshielo es la mejor solución para la guerra fría del amor si no estalla el fuego de Cupido?
-Me suena a una terapia carísima de psicoanálisis lacaniano.
-¿Cuál ha sido el sitio más raro en el que haya derretido un rico «helado» de amor?
-Con tanta gente dale que te pego en ascensores, oficinas, aparcamientos, tiendas, ministerios, discotecas, armarios, escaleras y baños de los bares, supongo que el sitio más raro es el dormitorio de mi casa.
-Marilyn, Kim, Jessica, Michel o Susan. ¿Con cuál de ellas se iría a una ínsula barataria desierta? (ahora que no nos escucha su santa)
-Soy enemigo de ir a islas desiertas con desconocidas: la gente que uno ya conoce inspira mejores fantasías.
-Un personaje de sus relatos labra en el suelo una mujer de arena mientras las olas golpeaban los arrecifes. Borges le habría regalado un libro de arena. ¿Y usted?
-Un bikini de estrellas de mar.
-¿Los cuentos eróticos reprimidos propenden a la promiscuidad?
-Sí. Uno se los enseña a todo el mundo y termina cayendo en el «acoso textual».
-¿Es riguroso el axioma: «Nunca dejes que tu mano derecha sepa lo que hace la izquierda»? ¿Sus relatos se podrían leer con una sola mano?
-Como yo nací zurdo y las monjitas de mi colegio me obligaron a comer y escribir con la mano derecha, no sabe usted lo que se pierde por no ser ambidiextro. Aprovecho la ocasión para agradecérselo a las monjitas.
TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTO: JAVIER PRIETO


