MADRID. El rastreo de los millares de llamadas telefónicas que efectuaron y recibieron los imputados por los atentados del 11-M sigue dando sus frutos. Entre los detenidos el pasado miércoles, al menos dos mantuvieron contacto con los autores de los brutales atentados de Madrid y no se descarta que el cabecilla de la esta última célula desmantelada, Mohamed Larbi Ben Sellam, ayudara a Mohamed Afalah -uno de los presuntos autores materiales del 11-M- a huir de España tras el suicidio colectivo en el piso de Leganés.
En el auto de prisión dictado ayer por el juez de la Audiencia Nacional Juan del Olmo contra los últimos cinco miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) detenidos en España se relata cómo la tarjeta prepago utilizada por uno de ellos, de nombre Mohamed el Idrissi, «figura en los tráficos de llamadas» de los imputados del 11-M Fouad el Morabit, Abderrahim Zbakh y el huido Mohamed Afalah.
De otro lado, Del Olmo materializa la vinculación del cabecilla de esta nueva célula con los atentados de los trenes en sus relaciones y contactos previos con los imputados fallecidos y huidos, en su «comportamiento de huida de Madrid en el mes de marzo de 2004» y en la localización de una huella de Mohamed Larbi «en un libro encontrado en el desescombro de Leganés».
La actividad de los otros tres detenidos -Abdenneri Essebbar, Driss Belhadi y Hassan Amrani Boukhorza- dejaría al descubierto, siempre según el juez Del Olmo, cómo el GICM se habría dedicado «a la captación, cobijo y traslado de personas que estarían dispuestas a intervenir en actuaciones presuntamente delictivas (terroristas) en determinados países».
Uno de esos países sería Irak, donde, al parecer, el detenido Mohamed el Idrissi tenía intención de viajar con el posible objetivo de inmolarse. En una conversación mantenida con su amigo Abdenneri Essebbar habría manifestado su deseo de «marchar a Francia y tomar el taxi», para lo que debía «librarse de ataduras familiares y laborales». Con estas palabras se refería en realidad, según expertos policiales, a su marcha a Irak para participar en acciones terroristas. El Idrissi también se prestó de «correo» para hacer llegar un teléfono al cuñado del huido Mohamed Afalah.
Del Olmo imputa a los cinco detenidos delitos de pertenencia y colaboración en organización terrorista y, a dos de ellos, otro de inducción al suicidio.



