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El resultado final fueron 186 escaños para el PP de Mariano Rajoy. Para conseguirlo, durante meses estuvo movilizada la mayor organización que existe en España: 832.862 afiliados, 27.000 concejales, 1.000 diputados autonómicos, más de 300 diputados y senadores, un centenar de trabajadores fijos de su sede central, que movieron a 130.000 interventores y apoderados en la jornada electoral. Antes, entre todos ellos habían organizado 26 actos de Rajoy a los que asistieron 113.000 personas, que requirieron que el candidato cubriera 16.000 kilómetros, solo durante las dos semanas de campaña, para visitar 25 provincias de todas las comunidades autónomas.
Para preparar esos mítines se utilizaron 6.000 metros cuadrados de moqueta, 4.000 metros cuadrados de telones, 90.000 vatios de sonido y 150.000 vatios de luz. Y todo ello fue producto de la organización más engrasada de este país para ponerse en marcha tres veces cada cinco años, y en un par de meses cada vez, para ganarse la confianza de unos diez millones de consumidores —o votantes—, y a cargo de la cual se encuentran treinta personas que forman eso denominado «el equipo de campaña», que ya quisieran para sí muchas multinacionales de renombre.
«Castigados» sin vacaciones
Esas treinta personas son, en el lenguaje de la calle, los «fontaneros» del PP; esos hombres y mujeres poco o nada conocidos que echan cerca de veinte horas diarias por cabeza para que todo les salga bien a los líderes del partido en sus mítines; los que controlan que las vallas publicitarias se contraten a tiempo, los lugares reservados para los mítines se adapten al número de personas que se espera, el candidato se encuentre cómodo, ningún alcalde se descuelgue haciendo lo contrario de lo que propone Rajoy, y los otros mil detalles de los que se ocupa a diario el comité de campaña; y, por supuesto, de los mensajes que constituyen el eje central, que esta vez ha sido dirigido por la secretaria de Organización, Ana Mato, y codirigido por sus tres principales colaboradores: el coordinador de Organización del PP, Juan Carlos Vera; el coordinador Electoral, José Antonio Bermúdez de Castro, y el coordinador de Política Autonómica y Local, Juan Manuel Moreno, a los que ABC reunió una tarde de esta semana en busca de conocer los secretos que ellos guardan sobre el éxito de su última misión.
«Nuestro trabajo comenzó aquel viernes de julio en que Zapatero anunció el adelanto de las elecciones. Estábamos aún cansados después de las autonómicas y locales de mayo, pero ahí terminó nuestra posibilidad de tomarnos vacaciones en agosto», recuerda Bermúdez de Castro, quien, sin embargo, piensa que el concatenar las dos elecciones benefició a su partido. «En mayo sacamos diez puntos de ventaja al PSOE y ya sabíamos que entonces se había producido un trasvase importante de votos de ellos a nosotros, aunque también que los socialistas tenían más capacidad de recuperación, así que —asegura— para el PP esta campaña ha sido más de riesgos que de oportunidades». De eslóganes muy claros, también. «Ya a mediados de agosto habíamos definido que nuestra campaña se iba a desarrollar en dos ejes: el cambio y el empleo», confiesa ahora el coordinador de Electoral.
«Teníamos que apropiarnos de la idea del cambio, del clamor popular por el cambio; centrarnos en la mayor preocupación, el paro, y no entrar al trapo de ninguna de las trampitas que nos fuera tendiendo el PSOE. Y la campaña nos ha salido esta vez de libro, con mensajes muy claros y positivos y sin cambiar de rumbo desde mediados de agosto hasta finales de noviembre». Lo contrario que la campaña de Rubalcaba, que, según Bermúdez de Castro, tuvo tres fases: «Primero quisieron hacer una campaña presidencialista sobre la figura de su candidato como un líder de izquierdas. La reforma de la Constitución y la cuestión de Rota se la destrozó. Luego, pasaron a una campaña ideologizada, de ricos contra pobres, que era difícil de vender, porque Rubalcaba, según su declaración ante el Congreso, es rico. Por último, intentaron recurrir al voto del miedo, acusando al PP de querer hacer recortes. Aunque el peor de sus errores fue cometido por el candidato en el debate con Rajoy, cuando le concedió carta de naturaleza a que fuera a convertirse en presidente del Gobierno».
Aunque varias semanas antes el equipo de campaña del PP ya sabía que Rajoy iba a ganar por goleada, su última preocupación fue mantener en tensión al partido y movilizar a toda su gente para la votación, un trabajo para el que ese partido tiene a un gran experto que, de trabajar en el Ejército, sería algo así como el teniente general dedicado a la Intendencia. Juan Carlos Vera conoce y controla todas sus organizaciones regionales y provinciales, y tiene una probada experiencia en el diseño de campañas, empezando por decidir cuáles son los lugares que debe visitar el candidato, «algo que fijamos por criterios de rentabilidad: Rajoy ha ido a provincias donde había escaños en juego. Pero también por otros criterios. En Melilla no nos jugábamois nada, pero pensamos que debería ir».
«Si no, les paso con Ana»
Con ayuda de solo cinco personas organiza todos los desplazamientos y los mítines del candidato y, a la hora de la verdad, resuelve sobre la marcha los problemas que surgen: como en Castelldefels, cuando unos manifestantes bloquearon el paso del coche de Rajoy para el primer mitin de la campaña y Vera diseñó sobre la marcha una ruta alternativa. O, en el caso del presidente popular, por la tendencia de Rajoy a salirse de la agenda prevista. «Como le sugiera algo que hacer un presidente regional, allá que se va con él». Aznar, por lo visto, era más disciplinado.
Juanma Moreno, el coordinador de Política Autonómica y Local, no se dedica a la intendencia como su compañero, sino a la tarea, aún más complicada con frecuencia, de coordinar a todos los cargos municipales y autonómicos del PP para que no se despisten de los mensajes que está lanzando el candidato en la campaña y den pie a titulares dejando en mal lugar a Rajoy. «La verdad es que esta vez hemos conseguido un discurso único, lo cual tiene su mérito, habida cuenta que tenemos 27.000 concejales y gobernamos en 3.600 ayuntamientos».
Lo que significa que en ni uno solo de esos ayuntamientos, todos en crisis, a un concejal de Hacienda se le ha ocurrido subir las tasas de basura un 60 por ciento. O, a veces, que Moreno ha conseguido disuadir a algún alcalde para que no contrate a su cuñado, aunque lo hiciera el alcalde anterior. «Y si no me hacen caso, les paso a Ana Mato»: la jefa de la campaña que ha llevado al Partido Popular al mayor éxito electoral de su historia.





