Las conclusiones post-electorales que ABC ha ido publicando a lo largo de la semana pasada —por distritos, por barrios, voto a voto— no dejan lugar a dudas, y ratifican lo que muchos ya aventuramos en plena campaña: Unión Cordobesa ha dañado realmente a IU, y no tanto al PSOE o al PP. De hecho, ha triturado a la coalición de izquierdas. Y ello por dos motivos: en primer lugar porque se dirige al mismo segmento electoral. Lejos de mi ánimo minusvalorar a nadie (menos de forma colectiva), pero es indudable que la nueva fuerza política se nutre de votantes que residen en barrios desfavorecidos y que, además, tienen poca formación académica y/o política. Son personas que, a su modo, esperan la llegada de un salvador, alguien que le resuelva los problemas que ellos no se ven preparados para resolver por sí mismos. Esto es algo que Izquierda Unida debería analizar con calma: la calidad y fidelidad de esa parte de su antiguo electorado.
En segundo lugar, pero no menos importante, quizás Unión Cordobesa sea una escisión de la Izquierda Unida de los últimos años. No en el plano político, por supuesto, pero sí en el sociológico. ¡Ojo con la diferencia! Es decir, la formación de Rafael Gómez sería una extraña amalgama de escisión/continuidad de ese periodo denominado «Rosismo», una época marcada por el hiperliderazgo personal de Rosa Aguilar —que fagocitó a su partido—, banderín de enganche que ahora es sustituido por el carisma del «self-made man» de Cañero. Ocurre que esos fenómenos se diluyen cuando el hiperlíder se desinfla.
Por último, el mapa post-electoral también demuestra que el centro-derecha conquista todos los distritos de la capital. Escribí una vez que a José Antonio Nieto y a su generación le estaba reservado el hito histórico de finiquitar el último rescoldo del comunismo en el Hemisferio Norte. Visto lo visto, lo han conseguido. Ahora queda una labor no menos ardua: la de consolidar en la compleja sociología cordobesa que nuestra ciudad no es, como algunos se empeñaban, intrínsecamente de izquierdas. Los territorios NO tienen ideología. En todo caso, la tendrán sus habitantes. Y dicha ideología puede mudar según las circunstancias o intereses, pues cada individuo sabe lo que debe elegir en cada momento. Ardua tarea que llevará su tiempo, tras 28 años de adoctrinamiento. Pero Córdoba debe identificar este nuevo proyecto del centro-derecha liberal como un modelo de prosperidad, desarrollo y dinamismo, frente a lo que teníamos antes. Sin duda la mejor manera de convencer será con la gestión. Pero también con la sugestión. Hacer bien las cosas. Y venderlo. Que los paréntesis, en Literatura y en la vida, sirven para poca cosa. ¿Me explico?



