Bracelona Acción Solidaria no es una ONG. Es una OMG, es decir, una organización muy gubernamental. Tanto que hasta el diario El País se sorprendía el pasado año de que el Ministerio de Asuntos Exteriores se dirigiera al Ayuntamiento de Barcelona, y no a la pretendida entidad, para tratar sobre el secuestro de sus tres cooperantes. Barcelona Acción Solidaria podrá ser cualquier cosa, incluso alguna buena. Cualquier cosa menos una ONG. Figúrense que ni siquiera tiene página web, aunque sí, por supuesto, presupuesto. El que le fija el Consistorio de la ciudad condal, que la patrocina, emana, desprende, protubera o excreta. Según parece, todos sus componentes son empleados del ayuntamiento, cuando no cónyuges de sus altos cargos. De hecho, también la propia señora del señor alcalde, junto a otros treinta y tantos allegados, participaba en la malograda caravana del 2009, pretendiendo repartir excedentes occidentales en el profundo Sáhara. Porque éste es el deporte de moda del nuevo rico. Cualquier corporación local que se precie tiene montado un chiringuito de cooperación internacional, aunque mientras se le desmoronen las casas por imprevisiones técnicas o se le inunden las calles por falta de infraestructuras. Somos así. Una coartada solidaria lo justifica todo. Incluido el viaje exótico para la peña pijiprogre, para la happypandy de la nomenclatura corporativa, que de este modo puede disfrutar, a un tiempo, del turismo de aventura, de la experiencia social y del arrebato misionero. Es la gente de la izquierda divina, que gasta alegremente el dinero público en sus excitantes realizaciones personales, mientras suele escupir en la mano del capitalismo que la consiente y lamer la del tercermundista que la desprecia.
Naturalmente que todos nos congratulamos del felíz desenlace del secuestro de los cooperantes barceloneses, que ha costado una porrada de millones de euros de ese dinero citado —el que no es de nadie, según memorable expresión de otra divina de la pandilla, doña Carmen Calvo— y que además ha permitido la excarcelación del delicuente que habían capturado los beduinos buenos, de forma harto inconveniente para los modos diplomáticos del ínclito Moratinos. La operación, como la de la Alakrana, ha sido todo un éxito para el libro de estilo de la Alianza de las Civilizaciones, que es como debe llamarse ahora la Decadencia de Occidente que anunciara Spengler…
Y, vista desde Córdoba, la cosa es, si cabe, más hiriente. En esta ciudad tan hipertolerante y tan megatonta estamos siempre dispuestos a descalzarle la babucha al moro y a ponerle un piso al converso. Véase Garaudy. No obstante, bueno es que nos vayamos acostumbrando. No olvidemos que para el plan de Al Qaeda algún día volveremos a ser la capital de Al Andalus. La perspectiva no puede ser, pues, más desoladora. Para enero dejaremos de fumar en las tabernas, por disposición de la ministra de Sanidad, y para no mucho después dejaremos de beber en ellas, por imposición de los ulemas. Sólo espero que, para cuando eso suceda, la frontera con la Marca Hispánica les pille a los catalanes en la ladera misma de los Pirineos…



