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Lunes, 10-11-08
Iba a hacer un mes que las tropas españolas no sufrían ataques de importancia en Afganistán. Pero en octubre, sólo entre los días 10 y 12, mantuvieron cuatro choques armados con los talibanes; uno de ellos acabó en un combate con 28 guerrilleros muertos después de la intervención de helicópteros de ataque italianos, aviones británicos Harrier y dos F-15 norteamericanos que pusieron fin al ataque con sendos misiles de 925 kilos. Los españoles escoltaban un convoy con alimentos para la población.
En Afganistán hay una guerra que ha costado a las tropas de la OTAN 918 bajas y aunque los españoles se ocupan de las zonas más pacíficas del país, cualquier movimiento fuera de sus bases puede acabar a tiros, ataques con granadas o en ataques suicidas contra el convoy de turno. La agresión de ayer iba dirigida precisamente contra un objetivo que para los aliados es fundamental: la formación de las fuerzas militares y de seguridad afganas.
Aunque la situación se deteriora por semanas y las escaramuzas en que se ven envueltos ya todos los contingentes de la OTAN distribuidos por el país se multiplican, en el Ministerio de Defensa español todavía mantenían la esperanza de que el progresivo despliegue de las fuerzas armadas del propio país frene las periódicas peticiones de la Alianza Atlántica para que España envíe más tropas a la zona, para mejor protección de sus actuales bases y también para que se «involucre» en misiones más abiertamente militares contra los talibanes.
Hasta ahora las solicitudes de la OTAN han sido despachadas con un «no» rotundo por el Gobierno de Zapatero. La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca lo puede cambiar todo. Se van a juntar la pasión del jefe del Ejecutivo por el nuevo inquilino de la Casa Blanca -inmejorable ocasión para reconciliarse con la primera potencia mundial- con el compromiso del nuevo presidente de los Estados Unidos de volcarse en el conflicto de Afganistán.
Obama propuso en su campaña electoral una retirada progresiva de fuerzas en Irak, pero para concentrarse en el núcleo de las bases de los talibanes y donde cree que es más útil dar la batalla al terrorismo islamista.
Compensación por Irak
Zapatero aumentó la aportación española a la misión de la OTAN en ese país para compensar la precipitada salida de nuestras tropas destinadas en Irak (2004), pero la contribución española no deja de ser modesta: 780 soldados y dedicados a misiones de reconstrucción del país, protección y, sobre todo, formación de las unidades militares y de seguridad afganas. Los demás países de la Alianza tienen más soldados y en provincias más conflictivas. Alemania mantiene 3.300 militares, Holanda e Italia el doble o el triple que España. Los británicos suman efectivos para dos divisiones y con 8.330 hombres son, con los norteamericanos (20.600), los que llevan el peso de la operación.
Según fuentes militares, en Defensa no tienen planes de enviar tropas «de combate», como es más que probable que reclame la OTAN, ni siquiera como ejercicio de diseño teórico. «Otra cosa es que nosotros iremos donde nos manden», es la coletilla acuñada por los militares ante lo que pueda ocurrir a partir de ahora.
El problema principal para aumentar el despliegue de tropas españolas en Afganistán, al margen de cuestionar la imagen pacifista que gusta cultivar Zapatero, es que el Ejército está al límite de su capacidad de relevo. Las unidades preparadas para enfrentarse a una situación bélica son pocas y ya están muy hipotecadas con la misión en el Líbano (1.100 soldados). Infantes de Marina, paracaidistas, legionarios, tropas de montaña y unidades aerotransportables se reparten ya por Afganistán, el Líbano y la ex Yugoslavia. Con relevos cada cuatro meses, la operatividad ya está muy justa.
Lo de menos es el límite legal de los 3.000 militares que se pueden mantener en el exterior como se fijó Zapatero en su etapa más pacifista. Ya hay un preacuerdo con el PP para que el Congreso libere el mes que viene al Gobierno de ese compromiso, por lo menos para «legalizar» el envío de hombres, aviones y barcos a Somalia. Sobre próximos despliegues, el «obamismo» tendrá la palabra.
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